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A PERDIZ POR BARBA Y CAIGA EL QUE CAIGA

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/Andrés Santamaría González

Voz con que claman unánimemente los frailes del monasterio cisterciense de Veruela, pidiendo su perdiz entera. Fue debido a que al llegar al refectorio, para la comida, vieron con sorpresa como cada monje tenía en su escudilla (plato) tan sólo media perdiz.

Esta reducción de comida fue motivada por haber aparecido entre los hermanos frailes benedictinos varios casos de apoplejía en el monasterio.

Esta enfermedad consiste en la acumulación o derrame de sangre o linfa en el cerebro.

Entonces se decidió un plan dietético y se redujo notablemente la ingesta de alimentos; especialmente la carne. Se creía que con esta medida no se propagaría más la apoplejía entre los frailes. La aceptaron los monjes, no sin resignación, pero llegado el tiempo de las perdices, al ver en su plato tan sólo media perdiz, se rebelaron con energía y, según la leyenda clamaron todos a una: “A perdiz por barba y caiga quien caiga”. Preferían morir hartos de carne y con apoplejía a vivir privado de tan suculento y exquisito manjar.

No hay que ser tan fanáticos y conformarnos con una sola pieza por persona, de cualquier forma la mejor manera de consumirla es estofada con patatas y zanahorias. Hay otras formas de comerlas que es, perdiz a la prensa, consiste en prensar el ave una vez cocinada entre una prensa que escurre sus huesos y la hace más apetecible.

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