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EL CACAO

Arbol del cacao Arbol del cacao

En memoria /Antonio Romero Hornedo

Cuando Hernán Cortés y sus conquistadores (siglo XVI) entraron en contacto con los aztecas, vieron sorprendidos cómo algunos bebían cacao y otros se limitaban  a añadir a su alimento, a modo de especia, un trocito de semilla.

En aquel tiempo el cacao se preparaba machacando las semillas juntamente con granos de maíz y cociendo esta mezcla con pimienta. Un siglo más tarde el cacao se introducía en Europa, bajo la forma de tabletas  (con azúcar y sazonadas con clavo y canela, vainilla y anís),  siendo muy pronto objeto del tráfico comercial especialmente en Holanda para la fabricación del chocolate como producto elaborado.

Los exploradores españoles introdujeron el “teobroma cacao”, también conocido popularmente como “alimento de los dioses”,  pequeño arbolito de grandes hojas simples, cuyas flores brotan directamente del tronco y ramas.

En el siglo XIX se hicieron grandes plantaciones en las Antillas, donde se desarrollaron con gran rapidez. Más tarde llegó una segunda variedad y entonces comenzó un proceso de hibridación a gran escala.

            Sus frutos son grandes cápsulas carnosas, con aspecto de calabazas aovadas, provistas de numerosas semillas ricas en grasa (manteca de cacao) y conteniendo un alcaloide llamado “teobromina”, utilizado en medicina, siendo la producción del cacao el objetivo principal del cultivo de esta planta.

            Este árbol no muy grande, que puede rebasar los ocho metros de altura, pero en cultivo, merced a la poda, se mantiene con dimensiones más reducidas; se encuentra muy extendido en las islas del Caribe y zonas tropicales. Los visitantes de Tobago y de las Indias Occidentales, lo encuentran como parte común del paisaje, ya que estos cultivos sólo son posibles en estos ambientes.

 

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