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Girona, historia de una traducción (que no traición)

Girona, historia de una traducción (que no traición)

por agenciafebus

Por: /Anna Grau.

Empecemos por el principio: como todos sabéis, estamos en pleno Año Galdós. El 4 de enero de este año, de 2020, se cumplía el centenario de Benito Pérez Galdós y se daba el pistoletazo de salida de lo que prometía ser un año literariamente muy feliz... Todo parecía poco para homenajear a este gran escritor que algunos consideran, consideramos, el mejor novelista español después de Miguel de Cervantes. Hala. Dicho queda.

Aunque Galdós nació en las Canarias, su vida y su obra le convierten en una especie de hipermadrileño. Se pueden seguir las trazas de Galdós en casi cada calle, café, botica y portal oscuro de Madrid. Pero es que otro tanto pasa en Aranjuez, en sus palacios y reales sitios y en la actual corrala que un día fue la taberna del tío Malayerba; en Cadalso de los Vidrios, donde tenía sus amados predios el avaro Torquemada; en El Escorial, donde ruge la marabunta de las peores intrigas de la Corte; en Alcalá de Henares, donde según el momento y el humor de la Historia se levantan o se derriban monumentos al Empecinado, etc.

La huella galdosiana, apabullante como planta de dinosaurio, cubre toda la península a través de sus célebres Episodios Nacionales. Estos abarcan y ponen a un lúcido trasluz casi un siglo de nuestra historia, novelando con energía hechos tan señalados como la batalla de Trafalgar, el Dos de Mayo y desde luego el terrible sitio de Gerona por la Grande Armée Napoléon, que duró siete meses, de mayo a diciembre de 1809, y que, más que en el ámbito de las proezas militares, entra directamente en el de los milagros. Había cinco invasores por cada defensor. Las murallas de la ciudad eran mazapán puro. Pronto no hubo qué comer excepto ratas, esparto y, por poco, los unos a los otros. Galdós pinta escenas dantescas que, de no saber que son verdad, parecerían un delirio gótico. Presidido por la figura extrema de Mariano Álvarez de Castro, defensor de la plaza hasta el heroísmo más sublime...que no es en absoluto incompatible con la peor crueldad. ¿Cómo pudo sobrevivir Gerona a la vez a Napoleón y a un hombre así? Galdós lo cuenta en el número 7 de la Primera Serie de sus Episodios Nacionales, que se titula, precisa y simplemente, Gerona.

Justo cuando se cumplían dos siglos de semejante aventura, en diciembre de 2019, se me ve a mí, que soy nacida allí, en Girona, bajándome del AVE para celebrar el Día de la Constitución junto con los compañeros de Societat Civil Catalana. Lo teníamos un poco crudo porque la plaza de la Constitución, donde pensábamos reunirnos, acababa de ser unilateralmente rebautizada como "plaza del 1 de Octubre" por la sucesora de Carles Puigdemont en la alcaldía de Girona, Marta Madrenas. La cual había hecho arrancar las letras metálicas de la palabra "Constitución" y echar cemento encima. Los Mossos d'Esquadra advertían de que acudir allí en son constitucional y de paz sólo podía ser interpretado como una "provocación" de alto riesgo.

Acudimos de todos modos. Girona parecía Hanoi la mañana que los americanos la abandonaron. La policía autonómica y la nacional habían multiplicado esfuerzos para rodearnos de un cordón político-sanitario que era como una premonición del coronavirus: calles cortadas y vacías, un helicóptero sobrevolando ominoso nuestras cabezas, agentes con caras de circunstancias y glúteos tensos mientras nosotros hacíamos sonar a todo trapo todavía no el "Resistiré", pero sí los himnos catalán, español y europeo, y además repartíamos entre los asistentes ediciones bilingües (catalán-español) de la Constitución, como quien reparte caramelos.

Yo había propuesto repartir también ejemplares de Gerona. Los compañeros de SCC de Girona me advirtieron de que mejor otro día... Me quedó claro que Galdós no era precisamente un best-seller en Girona. Ni en ninguna parte de Cataluña... 

Manda narices que precisamente en una tierra, la catalana, donde se han desatado verdaderos furores uterinos históricos, un culto extravagante al pasado, se haya hecho y se haga todo lo posible por pasar por alto esta novela publicada en 1874 pero que, si te sientas a leerla, parece que se hubiese escrito ayer. ¿Es eso lo que asusta, su lacerante modernidad? Estremece leer esta historia de apasionado heroísmo, indistintamente catalán y español, haciendo frente a toda clase de amenazas, la primera de ellas una crisis social y política que recuerda mucho, pero mucho, mucho, mucho, la deplorable situación actual...

No sé qué pasa con las obras que de verdad nos ayudan a conocer y a comprender nuestra historia: siempre son las primeras que nos quieren hacer olvidar... No les vendría mal a muchos ahora releerse con atención el Quijote, si es que se lo leyeron alguna vez. No nos vendría mal a todos no haber pasado tantos años poniendo al pairo a Arturo Barea, o manteniendo en el olvido a Manuel Chaves Nogales. Bueno, pues con Galdós, más de lo mismo. Demasiadas veces se le ha pretendido presentar como un autor superado, rancio, anacrónico, que no tenía nada nuevo que ofrecer...

Sin embargo yo fue leerme este libro y entrarme un gran coraje de no haberlo leído de joven en el colegio, de que no fuese mucho más conocido en Girona, en Cataluña y ya puestos en toda España. Decidí empezar a llamar la atención sobre él traduciéndolo al catalán, cosa que parecía misión no diré imposible pero sí romántica. Tan romántica que todos los que lo han intentado han ido cayendo uno tras otro víctimas de una oscura maldición como la de los monjes de El Nombre de la Rosa...Me costó Dios y ayuda enterarme, de hecho no me enteré hasta hace cuatro días, de que en 1930 se hizo un primer amago de traducción de Gerona al catalán, obra de J. Burgas, un texto del que pocos hablan o tienen noticia, y que no consiguió pasar el corte de la modernidad.

En 2010 se acomete un nuevo intento y curiosamente no lo acomete ninguna editorial catalana sino la editorial española Isidora. Ellos publican una nueva versión de Gerona en catalán firmada por Pau Miret. Esta traducción ya se acerca un poco más al objetivo de volcar la inmensa exuberancia literaria de Galdós a un catalán algo más moderno, aunque los resultados no fueron ni mucho menos los esperados. La obra no consigue desprenderse de cierto tufo arcaico y, sobre todo, no consigue romper el muro de silencio, la indiferencia o incluso colosal ignorancia que en Cataluña se tiene o se quiere tener, más allá de cuatro eruditos, de la aguda, palpitante mirada galdosiana sobre nuestra memoria compartida.

Yo tuve la idea, que empezó como una travesura y acabó siendo una especie de cruzada, de acometer la primera traducción de Gerona"a la lengua de Carles Puigdemont", es decir, al catalán de los tiempos del cólera, digo, del Procés, como dice Sergio Fidalgo, el editor de esta Girona que justo estos días ve la luz. La ve traducida al catalán por mí, por servidora de ustedes, con el patrocinio de Societat Civil Catalana, con prólogo en castellano de la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Andrea Levy (catalana de Madrid, catileña, como la llamo yo...) y con epílogo de Albert Soler, que es de Girona y es periodista, como yo. Sólo que él  vive y ejerce allí, en la trinchera, en la pura Zona Cero del separatismo por cojones que, desesperado de no poder romper España, trata de romper por lo menos Cataluña, de separarnos en catalanes e indios. Ahí sigue el bueno de Albert con los vagones y la pluma en círculo, dando caña día y noche con los artículos más divertidos y más libres que se escriben en la prensa catalana ahora mismo.

Mi traducción al catalán de Gerona, mi Girona, viene con bala. Es decir, viene con algo más que notas. Entre capítulo y capítulo intercalo reflexiones –"entreactos", los llamo yo- que subrayan el paralelismo con la situación actual. En un primer momento el tal paralelismo parecía empezar y acabar con el recrudecimiento de la agitación y la agresividad separatista en Cataluña, con todo lo que comporta de negación de una identidad y una historia común como las que Galdós hace provocativamente resplandecer.

Pero ha querido el destino que este Año Galdós fuese también el del coronavirus, que nos ha hecho vivir a todos casi tan encerrados y sitiados como los habitantes de Girona hace dos siglos. El grueso de esta traducción la ejecuté confinada en mi casa, mientras alrededor tronaban, no los cañones de Napoleón, pero sí toda clase de artillería pesada. Y sucia. Si leer Gerona o Gironahasta hace unos meses era absolutamente recomendable, ahora es un imperativo.

Por mi parte sólo concluir que este libro, que empezó siendo, como ya dije, una travesura personal, ha crecido hasta devenir un gran trabajo en equipo del que es para mí un inmenso honor formar parte: con don Benito Pérez Galdós en primer lugar. Con el editor Sergio Fidalgo, que contra viento y marea, con todas las zancadillas del mundo y por supuesto con ninguna subvención, está poniendo en pie lo más parecido a una Biblioteca de la Resistencia en Cataluña. Con Societat Civil Catalana, que ha patrocinado el esfuerzo y además ha dejado claro que no está dipuesta a ceder ni un milímetro de la Plaza de la Constitución (ni de ninguna otra) de Girona. Con Andrea Levy, que ha escrito un prólogo que es como un puente aéreo que hermana Girona y Madrid. Con Albert Soler, que ha puesto la nota alternativa y hasta afrancesada. Con el prestigioso artista Lluís Ventós, que ha cedido una maravillosa obra original expresamente concebida para ser nuestra portada... Hay mucho amor por el bien común en este libro, hay mucho hombro arrimado entre todos, hay mucha fe en remar todos juntos, haya o no haya garantías de salir de esta, que eso ya se verá. Leyendo se entiende la gente, en todas las lenguas de esta maravillosa ciudad y de este terrible país. 

agenciafebus | 23 junio, 2020 de 22:48 | Etiquetas: Anna Grau | Categorías: Libros con uasabi | URL: https://wp.me/pbNlz0-GP
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