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LAS CASAS DANESAS XII

LAS CASAS DANESAS XII

                        /Juan Moreau Tamayo

 

En el puerto de Aarhus nos esperaba la familia Kampmann, a quien nuestro acompañante el “cateto” rebautizó rápidamente como “Carma”, compuesta del matrimonio y dos hijos ya mayorcitos, catorce y dieciocho años; que fueron nuestros cocineros; tras las presentaciones de rigor –y esto lo saben los que se entienden con extranjeros- las preguntas: ¿-Donde aprendió usted alemán… cuantos años tiene… está usted casado…  Y así cien y una pregunta que nos hicieron, aclarando “Lucifé” sobre todo, la vida y milagros de nuestro “cateto”.

El señor Kampmann, era el Director Comercial de una gran empresa maderera, dueño de una extensión de terreno enorme y al ser nuestro anfitrión nos invitó a su casa, una verdadera maravilla en medio de un bosque muy frondoso.

Pensé en el refrán español de “Existen tantos árboles que no nos dejan ver el bosque”; Llegamos a primera hora de la tarde y pronto, nos invitaron a cenar (seis en punto), y fue la primera vez que saboreé la carne cruda.

¡Sí!, carne de ternera riquísima, pero sin cocer ni freír; pusieron en la mesa, una especie de “quinqués” con llama viva y en cada uno de los cuales estaban unos cacitos con diferentes salsas y consomés para echarlos a la carne, que repito empezó a hervir:  muy sabrosa.

Aquí repito el refrán de “donde quieras que estuviere haz lo que vieres” y eso hice yo; pero, nuestro José Luis volvió a lucirse y como siempre puso a la familia en apuros diciendo:

¡- Esto no me lo como yo ni muerto, qué asco, carne “crúa”; a mí me pone osté dos “güevos fritos con papas y mañana será otro día”.

Enseguida vinieron otros manjares a la mesa, y con estupenda mano izquierda, “Lucifé” supo hablar con ellos en danés y todo quedó como una anécdota y como un chiste “andaluz”.

Dinamarca es un país desconocido por los españoles, pero España es todo lo contrario: saben de nuestra tierra y su historia, más que nosotros mismos.

Pero no acaba aquí esta anécdota, puesto que vivimos la noche más corta de nuestra vida…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

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