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LAS CASAS DANESAS XIX

LAS CASAS DANESAS XIX

Estábamos cruzando Holanda o Países Bajos; en unos minutos nos avisaron la llegada a Ámsterdam, fin de nuestro viaje.  En la estación férrea nos esperaba la familia Tielemann y aclaro: al casarse con un holandés, la esposa pierde su apellido de soltera y por ello he de aclarar que estaba mi hermana Manoli, su esposo Rudy y el pequeño Dicki.

Presentaciones, abrazos, y besos, lo propio al encontrarnos los hermanos al cabo de un par de años; en Holanda hacía una temperatura agradable ya que estábamos en pleno verano, por lo que decidimos pasear y ver parte de la gran urbe como es Ámsterdam.

Resumiendo: vimos al día siguiente el maravilloso puerto de Harlingen; los canales, con la marea alta (el mar se desplaza hacia la tierra) y baja (donde los canales salen de ella); al ser un país pequeño, vimos los diques que por la parte que da al mar estaba al límite y la tierra bastante más alta, bajo el nivel del mar.

Siempre en el automóvil de Rudy, vimos la extensión que estaba sembrada de tulipanes, cada parcela de diferente color... Una gozada.

 Vimos, y eso sí que le gustó a Luis, una granja de vacas lecheras con todos los adelantos que esa Empresa instaló siguiendo la norma europea.

Como algo curioso, fue el puente ferroviario móvil en Rotterdam, el Palacio Real en Ámsterdam, los molinos de viento como en Castilla – La Mancha…

Las casas típicas con los tejados muy oblicuos para combatir las nieves del invierno, paja empacada para cama y alimento del ganado

Pero las circunstancias mandan y aún nos quedaba nuestro viaje a Checoslovaquia.

Los dos días que estuvimos con la familia se nos hicieron cortos, qué digo, cortísimos, pero no tuvimos más remedio que ir a la estación de autobuses (que estaban bastante deteriorados), y nos pusimos en camino desde Praga a Zúrich-    

 

 

 

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