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Entrevista a nuestro colaborador Juan Moreau Tamayo

Moreau Moreau

Juan Sánchez:  Amigo Juan: sé que tu nacimiento fue diferente; ¿Porqué?

Moreau:   Nací en el fatídico día en que estalló la guerra 18 de Julio 1936; mi madre estaba en avanzado estado de gestación.     En la bocana del puerto, se encontraba un buque de guerra que cañoneaba la ciudad de Málaga, y el pueblo temeroso huyó  hacia Almería por la carretera que le decían la de las mil curvas y donde perdieron la vida innumerables habitantes que huían de este infierno.      Una de las bombas cayó en la calle Salitre y mi madre se puso de parto por lo que mi padrino de bautismo, que tenía entonces 15 años, buscó ayuda que la Cruz Roja le dio , cediéndole una furgoneta en donde, colocaron a la parturienta, y el conductor pensó que en vez de ir el río Guadalmedina adelante, fuera dirección Torremolinos y entre las cañas de azúcar, con el niño grande de ayudante, nací yo.

J, Sánchez: ¿Qué pasó después?

Moreau:    Llegados al Hospital Civil, era un caos: me contaron que las camillas llegaban con heridos y que por fin, ayudados por una monja atendieron a mi querida madre que en Gloria esté, y a su hijo, yo.

J, Sánchez: ¿Y tu padre, dónde estaba?

Moreau:     Cuando estalló la contienda le cogió fuera de Málaga, en la zona nacional, de reemplazo, y hasta terminada la guerra no regresó con la familia y según me cuentan, mi bautizo, en la Iglesia del Carmen, fue en una palangana con el beneplácito de los pocos familiares y amigos y con el descontento mío que no quería agua, aunque fuera  bendita, en la cabeza.

J. Sánchez:    ¿Cómo  fue tu niñez?

Moreau:    Mi padre, tras varios años de ser Jefe de Estación de reemplazo y tras estar en Jerez de la Frontera en donde perdió a su primera esposa en un trágico accidente, pidió voluntario la estación de Gobantes, volvió a casarse, con mi madre y mi vida en la aldea fue de lo más bonito, siendo interrumpido por una visita de mi tío Manolo que no tenía hijos y tras el consentimiento de mi padre y la resistencia de mi madre que no quería apartarse de mí, me veo en un tren con mis tíos que me llevaban a la “tacita de plata” (Cádiz), porque no querían me quedara en Gobantes y sí que estudiara allí.      Una noche, mi tío llegó muy fatigado, se acostó y sin que la esposa se diera cuenta, ni los demás familiares, fue la última de su vida.

J. Sánchez:   ¿Volviste a Gobantes?

Moreau:   Sí, pero esa vez mi vida cambió; tenía diez años y mi padre, con doce personas que alimentar, tuvimos la mayoría que trabajar en el campo; menos mal que me pusieron a acarrear agua para los segadores, de sol a sol, desde una fuente que estaba a un kilómetro del pueblo.  Las dos fuentes que estaban más cercanas eran la del “piojo” y la del “conejo”: la primera debía su nombre a que las mujeres que iban a por agua, despiojaban a sus chiquillos cerca de la misma y la segunda porque estaba cerca del coto y los conejos se acercaban a ella para beber y refrescarse. 

J. Sánchez:  Creo que me has dicho alguna vez que has estado muy ligado a Cádiz y su provincia, ¿Es verdad?

Moreau:   Sí; mi tía Concha estaba casada con el Director de la Fábrica de Gas “Lebón” en Cádiz; sintieron mucho cuando me vieron con la indumentaria del campo y tío Marcelino, devoto al máximo, consiguió que el director del Colegio Salesiano me admitiera, aunque el colegio estaba programado para la admisión de “huérfanos de guerra”.

J. Sánchez:  ¿La admisión fue por influencias?

Moreau:  Por influencias y por dinero; mi tío donó una cantidad bastante sustanciosa al colegio, con la advertencia que si alguien me preguntaba  si hacía mucho tiempo que era huérfano, yo dijera: ¡mucho tiempo, mucho tiempo!.

J, Sánchez:   Estuviste mucho tiempo en el colegio de Cádiz?

Moreau:   Sí;  primero estuve de alumno, luego de coadjutor y por último de profesor adjunto; luego, el Servicio Militar truncó mis estudios: me destinaron a la Escuela de Aplicación y Tiro de Infantería ubicada en el término Municipal de Torrelodones (Madrid) y por último a la Compañía de destinos en la Capital de España.

J. Sánchez: ¿Qué hiciste al regreso de la mili?

Moreau:  Estuve de profesor en el colegio del “Buen Pastor” en Málaga y en  Torrox, en “Bau Hoffman Española” empresa  constructora, en donde fui de prueba una semana y me quedé 25 años; luego he vivido en Alhaurín de la Torre, el bonito pueblo a la falda del monte “Jabalcuza”, quedando prendado de él, por su enclave, sus fiestas y sobre todo por su gente que te acogen como uno más de la Villa, en donde pasé catorce años de mi vida, cosa que desde aquí agradezco de corazón. 

Estuve unido a la Real, Antigua y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y Nuestra Señora de la Soledad, de la que fui secretario algún tiempo. También fui gerente de la Asociación de Industriales y Comerciante  de Alhaurín de la Torre, hasta mi jubilación anticipada, entre otros…

J. Sánchez: Sólo me resta agradecerte tu colaboración en “Diario La Fontana” y que tus deseos se cumplan.

Moreau:  Gracias a ti mi buen amigo Juan. ¿El chato?, No lo creo. Nariz no le falta. Un abrazo.

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 

 

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