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En memoria: Entrevista de Manuel Requena a Juan Arias Luque

En memoria: Entrevista de Manuel Requena a Juan Arias Luque

/Manuel Requena Martín

Juan Arias Luque, me dice que nació en el año 1933, en Alhaurín de la Torre, Hijo de José y Josefa.

Es el último de los tres hermanos y único varón.

Juan, nos cuenta sus interesantes vivencias y empezó diciéndonos que se quedó huérfano de padre con tan solo tres años, esto obligo a esta familia a luchar todos juntos para salir adelante en aquellos años difíciles de la posguerra.

Recuerdo que con cinco años estuve en la escuela de párvulos en la calle empedrada con Dña. Manuela, a los sietes años pase con Don Julián, en la calle Empedrada también y con Don Emilio Romero Hinojosa, hasta los once años en la escuela Unitaria nº 1 de la plaza del Conde, que hacia esquina con la calle (el Torín) aquella escuela era una especia de cochera, el dueño era un tal Juan Rodríguez.

De pequeño jugábamos a las corre esquinas, al salto a la comba, que era lo siguiente: Uno se agachaba y los demás poniéndole las manos en la espalda saltaban sobre él, este juego tenía hasta una canción que decía.

El salto y la comba

Quien pierda que se ponga

Tú perdiste, te pusiste

A la una, anda mi mula

A las dos, quiere col

A las tres, mi burrito es

 A las cuatros, me alaga el salto

A las cinco, todo lo que resista mi borriquito sin tocarlo un pelito

A las seis, la argolla del buey

Este último era saltar al compañero de pie con la cabeza agachada,

A la siete, no vale poner monete

A la ocho, robo el corcho.

Con ocho o diez Años, los chavales llevábamos boinas y los hombres sombreros, sobre todo en inviernos, era como una tradición o moda.

Pregunta: En esos años casi todas las casas tenían un corral con algunos animales ¿tu madre que tenía?

Respuesta: un guarrillo, a los ocho años yo cuidaba de un guarrillo chiquito que mi madre compro, para que cuando estuviera grande matarlo y venderlo,  cuando matamos el guarro, se llegó mi madre a ver a los vecinos para decirle que iba a hacer un callo, algunos vecino le encargaba un platillo, ya sabiendo ella los platos que había vendido, comenzaba a hacer el callo en una lata grande de petróleo que ella tenía.

Me juntaba con otros cinco o seis niños de mi edad que también tenían guarrillos, los sacábamos al campo para que comieran, ya que también ellos estaba en la misma circunstancia de necesidad. Muchas veces al pasar por las fincas veíamos los naranjos, albaricoques y demás frutales llenos, yo siempre me quedaba guardando todos los guarrillos, para que ellos saltaran y trajeran un puñado de naranja, higos o cualquier otra fruta, recuerdo que un tal Antonio Sala, de los que también venía con nosotros, me dijo un día, ¿yo no sé cómo te las apañas para quedarte tu aquí siempre? Y es que a mí me daba mucho miedo meterme en las fincas a coger frutas. Un día ¡cosas de chiquillos! nos metimos con los guarrillos en un sembrado de alfalfa de Juanico, el de “Pichichi”, él nos cogió y nos llevó al cuartel de la guardia civil, que estaba en la punta de la calle Álamos, allí nos sentaron en el patio, estábamos todos muerto de miedo, yo más que ninguno, estuvimos unas dos horas que me parecieron dos días, un sargento hacía de comandante de puesto, menos mal que la mujer de un guardia, le dijo al sargento.

¿No te da lástima de tener estos niños tanto tiempo aquí? con la cara de asustados que tienen, además, que ya es hora de comer y sus madres estarán preocupadas, ¡déjalo que se vallan!

Y el sargento nos miró y nos dijo, (iros, pero como os coja otra vez, vais a estar en la cárcel bastante tiempo) estuve un tiempo dando de cuerpo muy a menudo creo que fue por el susto que pase ese día.

P. ¿Y tu madre aparte de cuidaros trabajaba?

R. Mi madre, ella no paraba,  vendía papas y algunas cosas más de estraperlo en Málaga, cogía el tren en la estación del perro, algunas veces había gentes que les decía a los que llevaban productos de estraperlo, ¡Que eran casi todos! que estaban en la estación los delegados, estos eran unas especie de inspectores o guardias, que además de quitarle lo que llevaban también los arrestaban, yo fui algunas veces con ella a verde a Málaga, cuando pasábamos en el tren por la Misericordia, veía por la ventanilla a los pescadores tirando del copo, me impresionaba esa estampa que yo, como era de tierra adentro, no estaba acostumbrado a verla.

P. ¿Cuál fue tu primer jornal?

R. El primer jornal que gane fue cavando en una finca de Manuel Roldan, esta la había comprado por cien reales y dos cabras, luego se la arrendo a medias a Miguel Carrasco, que la sembró de cebada, la finca estaba en un lateral del monte de “El Lico,” de sueldo me dieron siete pesetas, tenía entonces diez años, ese día llegue a casa muy contento y orgulloso de llevar dinero a mi madre ganado con el sudor de mi frente.

Desde pequeño mi mayor ilusión era de quitar a mi madre de trabajar, desde entonces no deje de trabajar, en diverso trabajos, como por ejemplo: Estuve trabajando en el río  Guadalhorce, frente al cortijo de Mestanza, en el cauce hacíamos presas para subir el nivel del agua y dirigirla por unas acequias, a los llanos de la Térmica y la Misericordia, para poder regar los sembrados de aquellas fincas.

 Se asían unos caballitos de maderas y cañas, y los huecos que quedaban se rellenaban con sacos de arenas, que nosotros los niños y algunos viejos llenábamos, nos daban ocho pesetas por estar dodo el día húmedo y metido en agua,  rellenando y transportando los sacos de arena.  

P. En el ratito de charla que hemos tenido antes de la entrevista me dijiste que tu padre tenía una finca, ¿qué fue de ella?

R. Cuando mi padre falleció, mi madre tuvo que arrenda la finca que teníamos a tío Fernando; Cuando yo cumplí los 13 años le dije a mi madre que yo era capaz de llevar sólo, la finca que teníamos en la Alquería, mi tío Fernando para devolvernos la finca nos pidió 600 reales, ya que era la mitad de lo que valía el Esquilmo, que quería decir la cosecha de aquel año, recuerdo que vendimos las uvas aquel año a unos pescadores de Málaga, que venían a recogerla con sus borricos, cada borrico traía dos capachos, que le cabían unos setentas u ochenta kilos.

P. ¿Comprasteis fiado en las tiendas?

R. En aquellos años lo normal era que te fiaran en las tiendas la comida, y otras necesidades básicas, las personas pagaban como podían, el que tenía tierras cuando cogía la cosecha, y los jornaleros cuando cobraban.

Lo pasamos apurado económicamente, sobre todo el primer año que nos hicimos cargo de nuestras tierras, aunque también echaba jornales en varios cortijos como el de Mestanza, y otros de la vega. Cuando salía de la faena después de dar mi jornal me iba a mis tierras a cavarla la viña, también sembré algunos melones de secanos, y algunas papas, me daban las tantas de la noche en la finca, cuando estaba cerca la recogida de la cosecha, nos quedábamos allí toda la noche guardando la viña. Estuve echando jornales y llevando mis tierras hasta que tuve veinticuatro años, era el año 1957, cuando yo me replantee tener  nuevas aspiraciones para mi vida laboral.

En este pueblo la mayoría de los trabajos eran las faena del campo, en aquellos años la mortalidad infantil ara muy grande, a mi madre se le murió un hijo con dos años de pulmonía mal curada, lo estuvo tratando Don Pedro Balcarce, pero el hombre no pudo hacer nada por salvarlo.

P. ¿Recuerdas de dónde se compraban los ataúdes?

R. Del pueblo, el único taller que yo recuerdo era de Juan, “el cojo” el  hacia caja de muertos de niños chicos, los ataúdes lo hacía con las cajas de maderas del tabaco que traían al pueblo, de los dos estancos que había, uno en el barrio, y otro el de la calle del Cao que lo regentaba Ana María, que estaba casa con Miguel Carrasco.

Bueno Manolo, ahora te voy a contar el cambio que dio mi vida.

Un día me dijo un primo mío que estaba trabajando en  (Balde Mora de la Mata) un pueblecito de Cáceres, que me fuese a trabajar con el de perrillero, cobrador, caladita o listero, eran una especie de vendedores que daban los productos a plazos, se vendía desde un cacerola, una sábana, o cualquier otra cosa que se necesitaba en casa, estando en aquel pueblo, también  trabaje con otra empresa que se dedicaba a hacer cuadros de pintura, se le pedía al cliente una foto suya o de  sus familiares, la ampliábamos se retocaba con pintura al óleo, y se enmarcaba, tuvo mucho éxito no había casa que no tuviera un cuadro de estos en su salón.

Más tarde esta misma empresa me mando a Ciudad Real, estuve cerca de tres años fuera de mi pueblo, y eso, se siente y duele era la hora de volver. Lo decidí el día 6 de agosto de 1964.

P. ¿Una vez aquí,  en que te ganas la vida?

R. Lo primero fue sacarme el carnet de conducir tenía claro que al llegar al pueblo mi intención era poner un negocio propio, por ello compre una furgoneta DKV. Se me ocurrió poner una tienda donde vivíamos en la calle La Choza compre un saco de papas, una caja de limones, una de mandarinas, un pañil de uvas, un saco de castañas, y varias cajas de otras frutas, las cuales fuimos consumiendo nosotros, porque nadie venía a comprar, entonces me dedique a  trabajar de cosario, como se decía antes, hoy se conoce como S.P. servicios público, lo mismo transportaba personas, que animales, en los cambio de trabajo tenía que lavarla bien en la fuente o La Tajea,  que estaba donde hoy está la oficina de Frac, en la travesía.

P. ¿Qué transportabas en el furgón?

R. Todo lo que me salía, Los vecinos del pueblo cuando recogían la cosecha, me llamaban para llevar las alcachofas, las sandias, o cualquier tipo de mercancía al mercado, también en las ferias; de Churriana, de Cartama, o cualquier otra, me dedicaban a transportar, personas, llegue a montar en ella hasta 17 personas, casi como un microbús de hoy, también me llamaban  las familias de la barriada la alquería, las monjas, o cualquier otro lugar o cortijo cercano, cuando se casaban, o bautizaba a sus hijos.

Estuve llevando a un grupo de trabajadores a Cartama, lo tenía que recoger a las cinco de la madrugada, recuerdo unos de los portes difíciles que hice, y que me sirvió para no transportar desde entonces más animales grandes, fue que Diego el dueño de la finca Notario me aviso para  llevar un guarro y un becerro que resulto ser un novillo al matadero, lo amarre al asiento mío, y en las curvas del El Ocho a la salida del pueblo, el becerro al ver que el guarro se le metía entre sus patas, empezó a moverse y darle patadas, la furgoneta empezó a irse de un lado a otro, yo intentaba frenar, pero me lo impedía la inercia que hacia el becerro contra mi asiento, ese día pase un susto de muerte.

P. Me han dicho que estuviste trabajando en P.I. Punto Industrial.

R. hay me jubile, En el año 1966, en los comienzo  del “Punto Industrial”  José Roldan, tomando unos chatos en el hogar viejo, me dijo ¿a ti te interesa colocarte en la Fabrica?  Cuando se lo dije a mi madre, se puso tan contenta, que le hizo una promesa a la virgen de Cártama.  Entre de los primeros y estuve trabajando de chofer, recogiendo trabajadores de Málaga y sus alrededores, esta fábrica se cerró en el año 1982.

Hoy me dedico a mi familia y  a andar por los alrededores del pueblo, también compongo poesías, que es unas de mis grandes pasiones y que editamos un grupo de poetas y amigos en la revista (El Torreón).

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