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Manuel Requena entrevista a Diego Fernández Martín

Manuel Requena entrevista a Diego Fernández Martín

Diego nació el 15 de mayo del 1932 en el C/ Arroyo Blanquillo, nº 54 de Alhaurín de la Torre.

Es el cuarto de los cinco hermanos dos hembras y tres varones.

En su casa junto a su mujer nos contó su interesante historia.

“Fui muy poco tiempo a la escuela de Don Julián, en C/ Álamos, le decíamos El Bigotuo.

Con tan solo siete años estuve guardando vacas en la finca huerta alta que eran de El Santanderino y guardando guarros en una finca que había donde hoy se encuentra ubicado el polígono industrial, era de  tito jopo.

 

Te puedo decir que hoy se le cuenta a cualquier persona las necesidades que teníamos hace setenta años y no se lo creen. A veces algunas familias tenían que poner dentro de sus casas algún recipiente cada vez que llovía, porque el agua entraba por la rendija de las tejas, que estaban puestas sobre unas vigas de maderas. Los colchones estaban hechos con una especie de tela. Creo recordar que se llamaba muselina morena. Se rellenaba con las hojas que envuelve  las mazorcas, sallo. Lo que pasaba es que cuando te acostaba tan cansado de trabajar, aunque te echara al suelo te quedabas dormido.

En los años 40, hubo una gran riada que se llevó muchos corrales de arrollo Blanquillo, estos corrales empezaba donde hoy está el bar el toro hasta la plaza. Recuerdo varios nombres de estas personas que fueron afectados como Manolo “el parrillero” y “el Galampo”.

También presencie el incendio de la casilla de “la Millana”. Esta mujer iba todos los días a la sierra para coger leña, lo hacía en brazaitos, pequeños y lo vendía en su puerta. Un vecino vino un día a comprarle dos brazaitos, y sé quedo sentado en la puerta para terminándose de fumarse el cigarro, que traía encendido. Tiro la colilla al suelo y más tarde estaba ardiendo la leña que quedaba en la puerta y parte de la casa. Los vecinos tuvieron que ayudar a apagar el fuego con cacharros que llenaba de una fuente que había cerca.

El médico de aquellos años era Don Vicente, que estaba en la C/ Álamos. Recuerdo que un día me llevaron porque me había hecho daño en un dedo y me dolía mucho. Él se sentó, me cogió el dedo con sus dos manos y empezó a cantar por bajini y a moverme el dedo. Al rato me dijo:“ya está”. Me fui peor que entre.

Recuerdo que los chiquillos estábamos pendiente de todo lo que pasaba en el pueblo, a veces nos escondíamos y presenciábamos casos como lo que te voy a contar: Al principio de la calle del cementerio había un árbol, donde mataron a un hombre que no lo dejaron ni siquiera fumarse su último cigarrillo. Lo cargaron en la carreta de Manuel Zagego, primo hermano de mi padre, que vivía en arrollo blanquillo. También vimos a un puñado de soldados, haciendo zanjas donde está la subestación de electricidad, frente a viña grande, para enterrar a los que mataban. A veces utilizaban el camión de Paco  “El Conco” para llevar a las personas a matarlas al cementerio del Batatal. No te podías negar porque si no también ibas tú por delante. Contaban las mujeres  que un día llegaron dos hombres, uno de ellos con una máscara puesta, a la casa de un matrimonio que estaba cenando. La mujer estaba embarazada y se llevaron al marido, no volviéndolo ver más.

Con once o doce años, ya estaba cegando Ceba, albeja, y trigo, cerca de la fábrica la Azucarera. Salíamos del pueblo un grupo de personas andando hasta llegar al tajo, unos de los que venía conmigo era Paco González. Estuve cogiendo melones en la finca de “Mestanza”. Recuerdo una anécdota: un día, yo le dije al encargado: “¿este melón esta verde?”, y él me dijo: “¿pártelo, pero como no este  verde, hoy no cobras el jornal?” Lo deje en el suelo con mucho cuidado, para que no se rompiera. Nos pagaban de  jornal seis pesetas. Estuve recogiendo aceituna en la finca “el lagar”. Allí nos pagaba dos “gorda” el kilo, pero si tú la llevabas a hombro al molino de la finca, te daban una chica más, por kilo.

 La carencia de comida en las casas era acusada. Yo recuerdo con trece años, haber estado apuntado tres años en la asociación de “la falange” que tenían dos locales donde entregaban comidas a los que estábamos afiliado en ella, uno de ellos estaba  en la C/ Álamos y el otro estaba en la C/ Mesones, donde tenía el Confitero la tienda. Mi madre me daba una ollita donde me echaban dos casos. A veces iba dos veces a pedir comida .La 1º vez me ponía una gorrilla, y al rato volvía sin la gorra. A veces me decía el que repartía la comida:“¿yo creo que tu ha estado ya antes? “

También recuerdo con mucha pena que mi madre hacia la comida en una lata de petróleo, que se ponía sobre una estreve que teníamos en la chimenea. Un día tenía yo tanta hambre, que saque la lata antes de tiempo, comiéndome la comida si haberse hecho.

A los diecisiete años me aliste voluntario  a la marina que me libre por exceso de cupo. Todavía guardo la cartilla militar en casa. En aquel tiempo ya tenía novia, que fue más tarde mi mujer María Aragón Bernal. La conocía en el paseo de la C/ Mesones. Además del paseo el pueblo también teníamos un cine, que valía la entrada seis reales en el año 1950. Había varias tabernas, donde se jugaba a la “ronda”. Había tanta necesidad en aquellos años, que cuando llevaba la semana de feria, yo tenía que esperar que se secara la ropa de trabajo, con sus correspondientes remiendos, para volver a ponérmela de nuevo y poder pasearme.

Me caso el cura Don Antonio, en el año 1955, nos fuimos a vivir a la C/ el Cao” le alquilamos la casa a María, la Tejeringera, este mote le venía porque ellos había vendido tejeringos, “churros”.

El viaje de novio fue, coger el tren que venía desde Coín recogiendo pasajeros hasta que llegaba a  Málaga, nos fuimos dos días en una fonda que estaba en la alameda Colon “Málaga”. Tenemos cuatros hijos, fruto de este matrimonio.

Estuve trabajando en el Retiro, antes y después de casarme, creo que al dueño le decían “el Duque del Retiro,” allí trabajaba y vivía Cristóbal Gómez, de pastor cuidando ovejas, también  trabajaba “el Cerón” que era bollero, con una yunta de Vacas, más tarde con veinte cuatro años volví a la finca de Huerta alta, con el Santanderino, sembrando alcachofa, el encargado en aquel tiempo era Frasco, “el de la Porrita”, 

Estuve trabajando de encargado desde el año 1957 al 1964 en la “finca Cotrina”, churriana, en ella llegamos a tener trabajando más de cien personas. Te recuerdo que antes no había tractores ni maquinarias para hacer la labores del campo, para hacer el trabajo del campo, se utilizaba grandes grupo de personas, cuando se necesitaban jornaleros, los encargados o dueños  de las fincas venia y elegía a los trabajadores en la plaza del pueblo.

Nos preguntaba  ¿tu esta parao?, si le decías que si, el te decía: ¿mañana echa un escardillo y vete para el cortijo?, como ves también teníamos que poner las herramientas, íbamos andando por la vía del tren, y te pagaban cuatro duros por jornadas, normalmente el horario era de 9 a 17:30 horas, si la jornada era de 6 a 18:00 de la tarde, pagaban seis duros,

Después de dejar de trabajar en el campo me fui como otros muchos compañeros a la costa, uno se metía de peón en la obra y yo me fui con Paco “el pintor” a Benalmádena, Torremolinos, etc. En el año 1973 entre a trabajar en el ayuntamiento, de pintor hasta el 1997 que me jubile.

En estos momentos tanto mi mujer como yo,  estamos disfrutando del cariño de mis hijos, y nietos, que nos visitan cada día, y pedimos a Dios, que nunca más se repita lo que nosotros hemos visto y pasados”.

Para mí fue un placer echar un rato de charla con mi compañero y amigo Diego.

 

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