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Manuel Requena entrevista a María Martín Gómez

Manuel Requena entrevista a María Martín Gómez

María Nació el 9 de Noviembre del 1937 en la C/ Álamos

Hija de Sebastián Martín Sánchez y de Marine Gómez Valderrama.

Es la mayor de los sietes hermanos.

La entrevista a María, se la hicimos en unas de las oficinas que tiene en el negocio familiar cerca del pabellón deportivo, junto su hijo Paco.

-¿A qué escuela fue usted y qué recuerdos tiene de su niñez?

-Nunca fui a la escuela y los juegos más habituales eran el pilla pilla, al escondite, una de mis amigas de juegos era Carmen Cueto. Nosotros solo tuvimos algunos juguetes cuando estuvimos viviendo en la "Finca de Peralta" (que por reyes el señorito nos regalaba un juguete a cada uno de nosotros), después de irnos de allí mi hermana y yo hacíamos muñecas de barro, muy grandísimas, que la vestíamos y todo.

En aquellos años había varias tiendecitas en el pueblo donde los chiquillos comprábamos chucherías, recuerdo haber comprado en la tiendecita que tenía María "la Molía” en el Arroyo Blanquillo, donde vendía una especie de caramelos echo por ella misma, le llamábamos “Catiti” decían que los hacía en un lebrillo con azúcar morena liada con miel, cuando estaba espesa la masa, lo liaba en una cañita para que no te llenara los dedos, valía una chica.

Como mi tía Josefa, no tenía chiquillos y como mi madre se puso malita después de traer a mi hermana al mundo, se hizo cargo de mi hermana con unos tres meses, yo iba mucho a verla a su casa en el Arroyo Blanquillo.

-¿Dónde trabajaban sus padres?

- Mi padre trabajo muchos años de Bollero, el sueldo de su jornal al día era de siete pesetas, por este motivos en el año 42, nos fuimos a vivir a la "Finca de Peralta", como yo era la mayor de todos mis hermanos, tuve que ayudar a mi madre desde muy pequeña a las tareas de la casa, a cuidar de mis hermanos. Recuerdo un día que llevaba en la cintura a unos de mis hermanos, yo tendría siete años, cuando me dijo mi madre ¿mira si el aceite que estaba puesto en la candela está caliente ya, para echar las papas? yo no tuve otra manera de comprobarlo que meter un dedo en el aceite, como te puedes imaginar me queme el dedo. Teníamos una fuente grande donde se echaba la comida, nos sentábamos alrededor de la mesa, esperando que mi padre fuese el que primero metiera la cuchara, entonces ya podíamos empezar a comer.

Cogíamos el agua para beber en el caño que tenía la alberca que tenía la finca, donde también Lavábamos la ropa, el jabón lo hacíamos nosotros con aceite frito y Sosa caustica,( se echaba en un recipiente se movía un buen rato y cuando estaba frío se cortaba en tacos del tamaño que pudiéramos manejar.)

 

En el año 1956 el dueño de la Finca Peralta, le ofreció a mi padre mudarse a una casita que había en la Viña “el Mue” que acababa de dejarla una familia que le decían "los Caleros”. A este lugar nos fuimos toda la familia. Unos de los lujos de aquel lugar era la alberca que teníamos a lado de la casa. También teníamos un horno donde mi madre hacia el pan "cateto", con el trigo que sembrábamos le echaba una sábana blanca al pan por encima para que durara toda la semana. Los dos guardias civiles que pasaban por allí eran, Beltran y Máximo, a los que mi madre siempre invitaba a un tazón de leche con pan migao le echaba un poquito de tomillo, romero y canela, mi madre hacia un queso buenísimo de cabra, y un conejo al ajillo que estaba mejor todavía. Recuerdo que en aquel lugar en el invierno a la cinco de la tarde oscurecía antes que en el pueblo, ya que esta casa está ubicada entre dos montañas. Recuerdo que los zorros venían a nuestra puerta a buscar comida al caer la tarde. Teníamos para alúmbranos un quinqué que se le echaba petróleo. Teníamos una burra, que se llamaba Marisol, en ella bajábamos los haces de leña para venderla a las panaderías del pueblo. Todos los miembros de la familia ayudábamos a mi padre a sembrar chicharos, habas, etc. etc...

Hacíamos de comer en un humero, donde poníamos aquella olla colora encima de la estraves, a veces teníamos que llevar esta olla a “el Muo” un gitano, que tenía una fragua en el barrio, para que le apañara con estaño los rotos del fondo de esta, también nos hacía con la lata de leche condensada jarrillos para beber. Como teníamos varios animales como gallinas, cerdos y cabras, por la mañana nos tomábamos un tazón de leche con trozos de pan, y por la noche cenábamos otro tazón de leche miga con canela molía.

“El hijo mayor de María, Paco Lara, Nos apuntó lo que le contaba su abuela, que en los años cuarenta la guardia civil, entregó un bando por los cortijos, chozas y casitas de campo, este bando decía que no se podía tener perros en la finca, parece ser que era para que no avisaran con sus ladridos cuando se acercaban las personas, y el motivo era porque en la sierra había todavía escondida personas que se habían escondido después de la guerra, y cuando venía la Benemérita y escullaban ladrar a los perros ellos salían corriendo de nuevo al monte.”

Recuerdo que las mozuelas sacábamos dinero para vestirnos criando un guarro y cuando estaba grande lo matábamos y los vendíamos, con ese dinero comprábamos la ropilla nuestra, una sandalia de goma, un vestido de crespón, y poco más. Cada año ayudábamos entre toda la familia a hacer la matanza de la casa, el tocino se salaba y se metía en orza, hacíamos los chorizos, las morcillas, que se colgaban en varias cañas dentro de la casa, el lomo en manteca que también se metía en orzas, de esta manera se conservaban los alimentos. Como ves en aquellos años de tanta necesidad las personas que tenían o arrendaban campos aunque estaban todo el día trabajando no pasaban hambre, como ocurría en la ciudad.

¿Qué recuerdo tienes de su juventud?

-Tengo muy buenos recuerdos, como que salí varios años en la procesión del pueblo vestida de mantilla, que bailábamos pasodobles, tangos y otros bailes de la época en la caseta de la feria que se montaba en la plaza de San Sebastián, que en navidad nos reuníamos en las casas donde ponían borrachuelos, tocábamos la zambomba, cantábamos villancicos.

-¿Cómo conoció a su marido?

-Paseándome como otras tantas muchachas por la calle Mesones, allí conocí a el único novio que tuve, Francisco Lara Fernández, el que más tarde fue mi marido, para formalizar esta relación tuvo que hablar con mi padre. Me case en la iglesia del pueblo en el año 1958 con 21 años, el cura fue Don Antonio, no pudimos ir de viaje de novios, aquella noche nos invitó mi suegra a una cenita en su casa, nos fuimos a vivir a una casita del barrio, más tarde nos mudamos a Carranque, donde seguía yendo a por agua con un cántaro a la fuente de C/ Álamos.

Mi marido le gustaba mucho el cante, y ayudo desde los inicios a la fundación de la Peña Flamenca en el barrio, siendo él el primer presidente de la Peña Flamenca del pueblo, más tarde cedió mi marido a esta Peña, un local en la plaza que hoy lleva su nombre.

La ropilla que necesitaban mis niños se la compraba a María "la Borreguilla”.

Fruto de nuestro matrimonio Hemos tenido cinco hijos cuatros varones y una hembra, a la vez ellos nos han dado hasta ahora ocho nietos y una biznieta.

Hoy en día mis hijos siguen con el negocio que inicio hace muchos años su padre.

Nos despedimos de María, y a su hijo Paco, con agradecimiento y cariño, una de las familias más querida por muchos de nosotros.

 

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