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SI NO “RESOLLA”

SI NO “RESOLLA”

/Juan Moreau Tamayo

“La escopeta” era una anciana que tenía cerdas en el corazón; revolucionaria, camorrista, autoritaria, pendenciera, inmoral, sucia, foco de infección de las enfermedades sexuales, picada de viruelas…   lo que le hizo tener una animadversión enorme a la belleza y a todo lo hermoso; en fin, un regalo.

Le tocó vivir los años de la de la postguerra en la que participó activamente “ejecutando”, yo diría asesinando a todos los que no pensaran como ella y que tildaba de “fascistas”.

Con una escopeta de caza que siempre llevaba al hombro y con una lista que le servía para buscar entre sus vecinos a quien tenía unos “marjales” de tierra, asesinarlos y apoderarse de ellos para el Partido, cuando en realidad eran para sí misma.     Uno de sus dichos era: “A río regüelto” … y otro, que había que quitar de en medio a las cucarachas (refiriéndose a curas y monjas), a los parásitos; que según ella tendrían capital, aunque fuera en realidad una miseria, y a los “come ollas” o funcionarios adeptos a Franco.

Así le fue; los familiares de sus propios vecinos que ella había llevado al paredón y fusilado con su propia escopeta, los propios republicanos que la persiguieron por la cantidad de muertes que indiscriminadamente realizó y posteriormente, los ganadores de tan cruenta matanza entre hermanos, la buscaron para ajustarle las cuentas o realizarle algún martirio chino, cosa que no llegó a suceder porque se perdió del mapa de tal forma que parecía se la había tragado la tierra.

Apareció al cabo de muchos años refugiándose en un cortijillo abandonado de la sierra, lugar casi inaccesible que defendía de intrusos con su arma, no dejando se acercara ningún mortal a doscientos metros de las ruinas.

Apareció, como digo, con un par de hijos, varón y hembra que pronto se dieron a conocer; el primero por su discapacidad: era ciego y mendigaba de casa en casa, acompañado de un zagalillo de unos siete años que decía ser su sobrino; la segunda, por haber heredado la mala leche de su madre y en vez de pedir, robaba todo lo que tuviera a su alcance.

“La escopeta” no bajó nunca al pueblo situado al norte de nuestra provincia; algunos decían que había regresado con “lepra”; otros con “tisis” galopante; algunos que su enfermedad era la temida “sífilis” …

Lo cierto es que cuando murió llevando tres días agonizante, la hija llegó al pueblo a rapiñar lo que estuviera a su alcance, y según versión del chiquillo que declaró después de la muerte, la arpía, degenerada y sin corazón le dijo a su hermano:   

- “Ciego, mumá está mu malica; mientras resolle está viva; y cuando deje de resollá es que sa muerto; antonce baja ar puebro y lo dice ener Ayuntamiento pa que vengan a enterrarla de cariá”.

Así ocurrió:  el ciego cumplió la orden y fuimos a presenciar el lugar más asqueroso del mundo, lleno de basura, piojos, chinches, pulgas, ratas y excrementos humanos, que jamás podríamos pensar existiera, y en medio de tan repugnante porquería, el cuerpo de la “escopeta”.

Tras echarle zotal, el despojo humano se cargó en una bestia y directamente se llevó al cementerio sin que por ella derramaran una sola lágrima y no era para menos.

Sólo recuerdo que unos meses después su tumba fue profanada y sus restos esparcidos por todo el cementerio y sus aledaños. 

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