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NUESTRA PALABRAS

NUESTRA PALABRAS

(Hemeroteca de La Fontana)

EL RANCHO 

"Finca de labor de menos extensión que el cortijo y por lo común con vivienda hecha con paredes de barro y techo de cañas, llamada en Málaga rancho". "Sombrajo de cañas y ramaje o parra que se hace en la entrada de la casa rancho, como un portal exterior" (DRAE).  

El rancho es el espacio con suelo de tierra apisonada, es decir, terrizo, delante de la casa, limpio y despejado, delimitado por uno o varios poyetes, que en los lagares de los montes malagueños se convirtió en una extensión de la casa, abierta a los aires, donde tanto en invierno como en verano se comía y sesteaba, se tomaba el fresco, se platicaba y se hacían trabajos menudos, como cordelería y costura, planchado de la ropa, etc. y desde luego, era el sitio de reuniones y fiestas, de forma que el interior de la casa se mantenía limpio y presentable, siempre "arreglado" para recibir con decoro a las visitas. El rancho es un rectángulo que siempre tiene el mismo largo que la fachada de la casa o choza, y el ancho que le permita la llanura del terreno, muchas veces al filo de un barranco, por el que serpentea una senda que en muchos casos es el camino más corto para llegar a la casa rancho, donde era indispensable una frondosa parra que ofrecía una sombra casi medicinal, especialmente en los ranchos de las calurosas viñas de la sierra.   

El rancho existe gracias al buen clima andaluz, especialmente el de la Hoya de Málaga, que permite la estancia de personas durante tiempo indefinido en su ámbito, incluso por las noches, tanto en las huertas del Algarrobal como en los secarrales dedicados a las viñas en las tierras de la Alquería hasta la Sierra de Cártama o los de la Sierra de Mijas y se distingue de la casa lagar únicamente en que ésta tiene un lagar en una construcción adosada a la casa rancho. En Andalucía, el mayor número de casas rancho se encontraba en las provincias de Cádiz, Huelva y Málaga, a modo de poblamiento agrario aislado y disperso, especialmente en los viñedos de los montes.

La casa rancho es totalmente distinta de los cortijos de secano de Alhaurín de la Torre, construcciones conocidas entre el pueblo como "de señoritos", ostentosas en sus dimensiones, dentro de fincas de más de cien fanegas de tierras, mientras que la casa rancho y la casa lagar pertenecen a minifundios con pocas extensiones de tierras, históricamente ligados al régimen enfiteútico llamado vulgarmente "de los censos".  

En algunos casos, cuando la cosecha de uva se dedicaba a convertirla en pasa, había en un lateral del rancho un terreno acotado y en declive, llamado "pasero", en el que se echaba la uva para secarse al sol y venderla como pasas. Se llamaba también "toldo" porque disponían de un sistema de seguridad ante las lluvias, para evitar su deterioro, cubriéndolas.

Por último, el rancho fue el sitio donde todos los años se celebraba la fiesta de la noche de San Juan, acudiendo los lagareños vecinos, durando la fiesta durante toda la noche entre bailes, candelas, aguardiente y comida, que en muchos casos se repetían en la noche de la Candelaria. La vida diaria con el movimiento de entradas y salidas de sus moradores, con sus desayunos, almuerzos, meriendas y cenas, así como siestas y visitas en días de fiesta, confieren al rancho un significado humano de "grupos de gente y corro", además del categórico referido al suelo.

Es de señalar que en las escrituras de Alhaurín de la Torre, Cártama y Campanillas de los siglos XVII y XVIII no figuran ni casas ni ranchos, que empezaron a señalarse desde la segunda mitad del siglo XIX, hecho que podríamos interpretar como una revalorización de ambas construcciones, casa tejada, que dejó de ser choza sin ningún valor y rancho al que se le ha añadido unos poyos, cocinilla, empedrado del suelo, macetas de flores y otros elementos que dieron valor al conjunto, y es por lo que se incorporaron a las escrituras de venta.  

Otra aplicación de la palabra rancho en los montes de Málaga se refiere a la preparación del terreno que hacían los carboneros, haciendo un rancho o "sitio espacioso en el terreno, llano y despejado", para hacer la carbonera en el centro del mismo.      

Una muestra del gran número de casas rancho que hubo en el término de Alhaurín de la Torre, durante el siglo XIX, es la siguiente relación:

La de Juan Moreno Cordero y su mujer Inés González Minaya, en su huerta a espaldas de la calle Cantarranas.

La de Ana Donaire en el partido de la Haza Mora y Minaya.

La de Salvador Casar Díaz en el partido del Sesmo.

Las del cortijo de Minaya, y el Olivar Grande.

          La de Tomás Barrionuevo en los Manchones de la Fuensanta.

          La de la Huerta del Portillo Bravo en la Haza Mora.

          La de Ana Reyes Luque en su mata de olivar en la Fuenseca..

          La de Francisco Vigar en el Algarrobal.

          La del Olivar de Notario.

          La de Ana Ramírez en la Fuensanta, camino de Menaya.

          La de la Hacienda Viña Grande.

          La de José Luque Muñoz "Canito", en la Huerta Alta.

          Y otras muchas más.

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