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NUESTRAS PALABRAS

NUESTRAS PALABRAS

EL CHICLÁN.- Derivado de la palabra árabe siqlab, que significa "capado, eunuco", con que en la España musulmana se conocía al esclavo castrado y por extensión también significaba "esclavo".

/ (Hemeroteca de La Fontana)

       En los palacios de Córdoba y de otros principados españoles medievales, el califa estaba rodeado de un enorme número de esclavos y libertos, la mayoría de ellos castrados, que durante siglos fueron altos funcionarios que en la práctica gobernaban comarcas y ciudades. Eran cristianos de origen eslavo y centroeuropeo, de Bulgaria, Italia, Francia y reinos cristianos del norte de España, cautivados por los ejércitos y mafias organizadas y luego vendidos en Córdoba y otras ciudades musulmanas, donde servían como soldados los analfabetos y dirigiendo los servicios palaciegos del califa y de los gobernadores provinciales, los más preparados.

       Eran todos jóvenes llevados en barcos a Almería y desde allí a Lucena, donde cirujanos judíos los operaban, muriendo muchos de ellos en la castración, por lo que alcanzaban un precio elevado en relación con los esclavos ordinarios.

En Córdoba, ya al servicio de los señores que los habían comprado, aprendían pronto la lengua hispano árabe y se convertían a la religión islámica. Durante el siglo X llegó a tener Córdoba más de ocho mil chiclanes ocupando muchos de ellos puestos importantes entre los funcionarios y en la sociedad, influyendo con sus conocimientos en la cultura musulmana española como poetas, escritores, médicos y cronistas y esa preparación les permitió aprovechar las circunstancias políticas para enriquecerse con la compra de cortijos y otras propiedades a la caída del califato, cuando se formaron los reinos de taifas. Los dos jefes militares y civiles de la casa real, antiguos cristianos, eran chiclanes y también fueron cristianos convertidos los jefes de la guardia personal del califa, de la cocina real, de las construcciones, de la caballería, del cuerpo de correos y jurados de la casa real, de la armería y su custodia, además de otros muchos puestos importantes de segundo orden.    

        Esta palabra se hizo fuerte en la lengua castellana, donde ha resistido con el paso de los siglos, sin que la ausencia de uso la haya inutilizado, quedando arrinconada en el habla popular de las villas y lugares de toda España.

 

LA CALETA.- En un camino, puerto que corona la cuesta, que en algunos casos vigilaba una torre atalaya como la que había en la finca el Portón, en la Caleta de Alhaurín de la Torre.

Diminutivo de cala, del árabe qāla, "cumbre, peña, fuerte, sitio alto defendible", "Puertecillo en un camino", "Camino en cuesta", "parte del camino que sube por una ladera y la supera por un puertecillo". Español antiguo cala, "cumbre". Asturiano caleya, "camino en cuesta".

Algunos científicos consideran que este derivado de "cala" es de origen prerromano, con el significado de "colina fortificada" y con el mismo significado pasó al árabe. 

Al igual que ocurre con los "castillejos y atalayas" referidos a los montes o alturas sin edificación castral, las caletas del interior, como "cuestecillas, puertos suaves, pequeñas colinas abrigadas", constituyen sus variantes semánticas. La de Alhaurín de la Torre es paradigma, pues cerca de su cota más alta existió hasta el año 1995 una torre atalaya medieval, circunstancia que confirma esa versión.

Lo mismo es aplicable a la Caleta de Málaga, que designa el camino que desde la ciudad, sube al partido rural de los Almendrales, superando una caleta o puertecillo, siempre confundida con una supuesta cala en la marina, en contra de la realidad. A este respecto, cabe citar varias escrituras, una del año 1602 referida a un censo sobre un "almendral en la Caleta de Miraflores en la majada del Carnero" (ACM, leg. 180, nº 8); otra del año 1633 donde se lee "Partido de la Caleta" (AHPM, leg. 979); otra de 1674 donde se lee "sitio de la Caleta a la pasada del castillo, en lo cercano de esta ciudad" (AHPM, leg. 2037, fol 251); otra del año 1678 (AHPM, leg. 1563, fol. 682) referida a la "huerta de don Pedro Verdugo Ruiz de Alarcón, en el partido de la Caleta, de la otra parte del arroyo, que alinda con los baluartes, con su casa de vivienda, anoria y arboleda"; otra del año 1714 (AHPM, leg. 2371) que reza: "...casa linde con el Hospital de San Lázaro y camino que va a la Caleta"; y otra donde se lee "pago de la Caleta, linde con el camino Real (de Vélez-Málaga) (AHPM, leg. 2364, año 1709), las cuales demuestran que este nombre no se refiere, en absoluto, a una cala o pequeña bahía de la costa, que no existe, sino a un puerto seco y partido rural, como los citados de Málaga, Alhaurín de la Torre, Almogía y Cuevas Bajas.

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