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AQUELLOS AÑOS DIFICILES DE LA POSGUERRA

AQUELLOS  AÑOS DIFICILES DE LA POSGUERRA Requena

/Manuel Requena Martín

 

A veces es bueno recordar aquellos  años difíciles de la posguerra,  con tanta inseguridad, falta de alimentos, de estudios y de higiene, ¡Que han pasado nuestros familiares!,  padres, y abuelo, con mucho trabajo y poco sueldo.

  Hemos hablado con Antonio  Mérida, natural de Comares, nacido en 1931 y residente en Alhaurín de la Torre, desde el 1982.

Le pedimos que nos contara, cómo fue su juventud, en esas fechas tan delicadas para todos, incluso para ganarse el pan de cada día.

Antonio,  recuerda aquella fecha, con dolor y a veces con añoranza, la mayoría de los niños, padres y madres tenían que trabajar,  para poder llevarse al final del día un pedazo de pan  con aceite a la boca, con la excepción de que el padre o cabeza de familia, a veces se comía un huevo, eso sí, mojado con un kilo de pan, para engañar al estómago.

Yo tuve la suerte de que mis padres, tuvieran una carnicería y por ello estábamos menos faltos que otros vecinos  del pueblo, pero no era diferente en el trabajo, recuerdo que desde pequeño  ayudaba  a mis padres, en las tareas del negocio. A los doce años ya llevaba en la cabeza una canasta o espuerta  de esparto con trozos de carne, tapada con hojas de higuera, para que no se pegara la carne y para evitar las moscas, yendo de cortijo en cortijo para  vender aquella carne, de cabra, o de cerdo, que mi padre compraba en las ferias de ganado.

En 1947,  a mis 16 años, un amigo me dijo que  trapicheando  con la comida de  estraperlo,  se ganaba más  dinero. Compre a plazos  una bicicleta marca  Orbea,  acoplándole en el portamaletas una base de madera, para    poner los sacos de mercancías  y transpórtalos más cómodo, llegando a poner en esa   base, dos sacos de papas y medio en el manillar para hacer contrapeso y que la bicicleta no se levantase.

Tengo muchas anécdotas de los años que estuve transportando todo tipo de mercancías, tabaco,café de La Línea, arroz de Granada, papas e higos de Coín y de Alhaurín el Grande, harina  de varios  molinos de este pueblo, que por cierto ya no quedan ninguno, garbanzos, habichuelas  y trigo de Argentina que compraba en Vélez Málaga. En los alrededores de Málaga  en aquellos años, había un trasiego de personas  que como yo, transportaban  algo, lo que fuese. En las cuestas más pronunciadas de la carretera, nos encontrábamos  siempre algunos niños que por una monedas nos ayudaban a subir la bicicleta hasta arriba.

Deje esta actividad cuando me reclamaron para cumplir la mili, Despues estuve en una fábrica de ladrillos llamada SALYT. En el año 56, un amigo me colocó en la térmica, empresa en la que me he jubilado y de la que tengo muchos recuerdos y amigos.      

          

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