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Manuel Requena entrevista a Francisca Plaza García.

Manuel Requena entrevista a Francisca Plaza García.

Francisca nació 27 de Octubre del 1935.

Hija de Andrés, con el apodo “el Pistola”, y de Francisca la de “Meloja”

Es la primera de los seis hermanos de tres hebras y tres varones.

Francisca, antes de contarnos su historia nos invitó a sentarnos en el porche de la casita que hicieron con mucho esfuerzo hace años donde hoy también se encuentra el bar el Tropezón.

-¿Francisca, a que colegio fuiste, y donde viviste en tu niñez?

-Nunca fui al colegio.

Yo tenía cuatro años cuando nos fuimos a vivir al “Arrollo hondo”, más tarde mi padre compro una parcela en la Cuesta “el Palmar,” donde estuvimos muchos años toda la familia.

-¿Recuerdas los juegos de aquella época?

-Los juegos de aquella época eran saltar con una soga, la Patarra, (se hacía una cruz en el suelo, te alejaba varios pasos y se tiraba una piedra, la que más cerca quedara del centro de la cruz ganaba), a veces venían un hombre con un borriquillo vendiendo, entre las cosas que traía llevaba unas muñequillas de cartón, que si se mojaban ya la podía tirar.

-¿Cuál fue tu primer trabajo que recuerdes?

-El primer trabajo que recuerdo sin cobrar por ello, fue con unos 6 años, que estuve cuidando los niños de una vecina. El pago era la comida y a veces me daban un trozo de pan para que se lo diera a mi madre. Con unos 9 años me quede al cuidado de mis hermanos y de las tareas de la casa. Por la mañana solo nos bebíamos un tazón de ceba, nosotros le echábamos un poquito de leche, gracia a que teníamos cabras. también hacia la comida para toda la familia, pero como no teníamos reloj, recuerdo que la pobre de mi madre me decía: ¿niña cuando el sol de en este en este lugar de la casa, empieza a hacer la comida? creo que era el tiempo que ella calculaba para que la comida estuviera hecha cuando ellos venían a comer, unas de las comidas que me salía muy bien era, la cachorreñas, (machacaba en un cuenco de madera el pan, el tomate, la cebolla, le echaba un poquito de aceite, y se lo echaba a la olla, que ya tenía el agua con las papas). Teníamos solamente una olla para hacer de comer, y una especie de plato hondo de barro, donde todos los miembros de la familia metíamos la cuchara. Si lo miramos por el lado bueno, tan solo teníamos que lavar un solo plato,.

De chica fui con mis padres a coger aceitunas, en la finca de “la Arjona”, también la del “Notario”,  recogí almendra en la finca del “Alamillo”, todavía recuerdo una anécdota de aquella finca que me hacía mucha gracia, el encargado de esta finca se llamaba Pedro, y como el dueño de la finca era extranjero, cuando lo llamaba en vez de decirle Pedro, le decía Perro. Con la edad 8 o 9 años estuve pintando en varias fincas de los alrededores del pueblo, como se decía antes cuando se sembraba las cosechas. Nos poníamos un cubo colgado en el brazo lleno de semilla, Las yuntas iban arando delante de nosotros y varias personas íbamos detrás echando la semilla, en el surco que dejaba el arado.

 Cuando era trigo, se iba echando un chorreón de trigo con la mano sin parar, cuando eran habas, se echaba tres o cuatros de ellas a cada paso, al regresar las yuntas enterraba la semilla que nosotras habíamos echado en el suelo. Quedando terminado el camellón, varias semanas más tarde teníamos que ir de nuevo a estas fincas para escardar y quitar las matas que salían al lado de los tallos de las semillas que habíamos sembrado. En unos de estos trabajos conocí a Cristóbal, el que mas tarde fue mi marido.

Mi madre era una buena costurera pero con el tiempo empezó a perder la vista, es por ello que con unos 17 años, tuve que aprender a coser en la máquina manual que teníamos marca SINGER, para que cosiera tenia que darle a la manivela con una mano y con la otra coger la tela no era fácil, aprendí a hacer todo tipo de ropa como camisas chaquetas pantalones, faldas ETC....

Cuando me llamaban las personas para que le hicieran nuevas prendas, me echaba la máquina de coser a la cintura, y andando iba a casa de la clienta, allí echaba el día cosiendo, ante no teníamos miedo de andar sola, por los caminos y veredas del pueblo.

-¿En aquellos tiempos que no teníamos buenas carreteras, Para ti estaba lejos el pueblo?

-En aquellos años a mí no me parecía lejos venir andando al pueblo, de hecho lo hacíamos casi a diario, veníamos a comprar con la cartilla de racionamiento la comida de primera necesidad, recuerdo que solamente nos daba una ración de dos panecillos cada día para los ochos que éramos de familia.

-¿Con quien venías a divertiros al pueblo?

Las niñas, que vivíamos en las afueras del pueblo, veníamos andando a la feria del pueblo, unas de las muchas amigas que venía conmigo era Encarnación, y Isabel, “La Ropiera”, también nos paseábamos por la calle Mesón, y ver películas en el cine de Cristobita.

-¿francisca en que año te casaste y donde te fuiste a vivir?

-Me case el 23 de Febrero del año 1963, en la iglesia del pueblo, el cura fue Don Antonio. No pudimos hacer ningún viaje de novio. Nos fuimos a vivir a una casita que hicimos en un pedazo de terreno de la parcela de mis padres, allí nacieron mis dos hijos. Al principio lavaba la ropa en la alberca de Notario, la lavaba encima de unas de las piedras del arroyo, más tarde compramos a unos de los perrilleros que pasaban por allí una tabla de madera de lavar junto con un lebrillo de barro, de esta manera ya pude lavar las ropa en la puerta de mi casa, un secreto que teníamos las mujeres del campo para que la ropa quedaran reluciente era de echarle ceniza de las leña del horno de donde hacíamos el pan, hacia la misma función que hace hoy la lejía.

-¿francisca, pasaban muchos vendedores por la fincas?

Si que venían, le decíamos “los perrilleros”, vendía todo tipo de cosas, unos venían con borricos, otros andando, unos de ellos eran: Santa Ella, Palomo, Joseito “el moto” un hombre de Cartama, que nos vendía telas. Anica “lal chivo”, que pasaba andando por las casa y chozas, de los cortijos, vendiendo hilos, y algunos platillos.

Mi marido dejo el campo y empezó como muchos hombre del campo a trabajaba en las obras de Torremolinos.

-¿Cuándo os vinisteis a vivir al pueblo?

Cuando mis hijos terminaron de estudiar nos vinimos a vivir aquí en la parcela donde hoy tenemos el bar el Tropezón, al principio, pusimos un quiosco donde vendíamos chuchería, arroz, garbanzo etc… más tarde también vendimos melones, y los mismo clientes nos decía que trajéramos algún refresco, y poquito a poco terminamos poniendo el bar “El Tropezón” que hoy lleva mi hijo Cristóbal.

Nos despedimos de Francisca, con el pensamiento puesto en todo lo que han pasado todas estas personas que le cogieron la escasez de la posguerra. 

 

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