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EL LLANTO DE NOELIA

EL LLANTO DE NOELIA

Muy Cómoda en su matriz se transformaba Noelia,

lugar que fue concebida y que cogió un embrión

origen muy natural que se realiza en unión…

ya late su corazón y se forman sus sentidos,

y presiente la apertura de pulsaciones tan fuertes como si fueran chasquidos.

 

En ese mismo momento su madre, después de un llanto…

muy tenue, muy verdadero, hasta formarse un quejido,

luego, gritos de dolor, hasta perder el sentido…

Después provino un desgarro en la pared de su nido

y una fuerza incontrolable, como si fuera un gran río

lo expulsaba con destreza por un estrecho pasillo…

pasaron unos minutos y de pronto un gran chillido

tan fuerte y tan desgarrado… su cuerpo quedó cohibido,

y un dolor le trasmitía como cuchillas de vidrio…

De pronto surge una voz  que no había reconocido

con un tono despectivo como fiera enjaulada

se oyó gritar al cretino: ¡Tú dirás lo que tú quieras!,

¡te digo que no es mi hijo!

 

Ya no pudo aguantar más y desahogó sus sentidos,

lloró por primera vez en aquél seno bendito…

Luego unas manos suaves alrededor del  ombligo

la  limpian con gran ternura su cuerpo recién parido

y la besan unos labios de un color morado, lirio.

Y entre el hilo de su sangre la fina voz de su madre

le repetía con cariño:

“-Siempre deseé que vinieras, mi niña” “–Y en mal momento has venido”

Fueron palabras muy duras en su último suspiro,

como hierro incandescente quedó marcado su sino,

cruz grabada en su inocencia por culpa de un resentido…

mientras fue creciendo lenta, quedó sin madre, en olvido

sin amparo, a cargo de un desalmado padrastro, desaprensivo

despiadado, cruel, y avaro.

 

Y así hasta adolescente, sumida en su dolor, irrumpía con su llanto;

nunca le han contado un cuento, ni de cogerla en sus brazos.

 

En cambio, ¡pobre chiquilla!, se le veían sus manos

llagadas por la labor de la dureza del campo, y así siguió su calvario,

brotándole desde niña lágrimas de desamparo.

 

Obligación, sacrificio, esfuerzo y mucho trabajo,

durmiendo en los pajares por no contar con un cuarto,

un granero con alfalfa y algunos carneros mansos;

allí, hablaba con ellos de sueños y amor lejano.

 

De tener unos pequeños lejos del trigo y del campo,

recluida en su recuerdo, a Dios le iba rogando…

¡Porqué no estaba su madre, porqué se la había llevado,

mas no pudo contener las lágrimas sin pecado.

 

Después vinieron las flores de primavera y esparto,

creciendo en la juventud cubierta con sus harapos,

y continuó por los surcos de los trigales del campo,

viendo cómo pasa el tiempo, y de compañero, el llanto,

atrapada de por vida, maltratada en su letargo   

privada de aquél padrastro, de un ser querido y amado;

“-Déjeme libre, señor, que el tiempo corre y me atrapa

que no quiero que me pasen los años sin ser amada…

o amarrada a este granero viejo y con olor a paja”;

 

Esa noche en los pajares mientras de frío tiritaba

una sombra se hizo cargo del dolor de la muchacha

arropándola en su cuerpo hasta entrada madrugada,

y por fin… por las rendijas de aquellas podridas tablas

unos destellos de sol a los dos iluminaba,

era el sueño de su vida, era el amor que esperaba.

Desde aquella noche el llanto ya no se asoma a su cara,

ahora se la ve feliz, se le borraron sus lágrimas

porque comparte sus sueños con el hombre que más ama.

 

Cuando relata su historia de sucedido y pasado

imaginando los surcos de aquel laborioso campo,

“-Me acuerdo querido mío cuando llegaste en silencio

rompiendo aquél maleficio y el dolor de aquellos años,

hoy ya no sufre mi vida porque Dios me ha compensado

dejándome que mi vientre poco a poco va engordando”

y cuando pasen los meses, nueve para ser exacto

veré mi pequeño ser porque tu lo has engendrado,

y tendrá mis mismos ojos, no tendrá mi mismo llanto,

que lloré siendo una niña en aquél prosaico establo

donde me hizo padecer angustia, dolor y llanto.”

 

“-Hoy intento recordar quién te mandó a mi calvario,

Sólo me queda pensar que mi madre te ha enviado,

¿Quién de otra forma podría borrar de mi cara el llanto?

Aunque en mi subconsciente pienso en mi madre amada,

aquellas tristes palabras que de sus labios brotaron

diciéndole a mi padrastro: ¡-Que te castigue el Señor

y a mi hija ni tocarla!

Que volveré de la tumba a ajusticiar tu conducta de maltratador y avaro

e irás al infierno en llamas donde van los más malvados;

ese recuerdo lo llevo como una espina clavada

por eso quiero pensar que mi madre a mí me amaba

que la noche que se fue sabía por qué lloraba,

era tan buena mi madre, que nunca me dijo nada”

 

Ahora mi amor lo recuerdo y pone a Dios al cuidado

Desde que se engendra un niño su mente lo va gravando

Tanto el llanto de Noelia como aquél ser despiadado.

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