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RECORDANDO EL AYER

RECORDANDO EL AYER

La actividad laboral en la década de los cincuenta en Alhaurín de la Torre.

 

/Antonio Rocha

 

              Este mes vamos a recordar una aspecto de nuestro pueblo que forma parte de los acontecimientos negativos de la época. Me estoy refiriendo al trabajo que nuestros vecinos desarrollaban por aquella fecha : labores agrícolas mal remuneradas,  salvo las ocupaciones que se ejercían en las dos únicas fabricaciones existentes, la de Elaboración y manipulación del Ajo, situada en calle Málaga ( frente a la farmacia) y Finca de la Huerta del Cura y la de “Tratamiento y manipulación de la palma” que creó D. Pedro Valcárcel  en la zona denominada La Palmilla.

 

              El lugar donde aquellos trabajadores se reunía para conseguir los jornales diarios que le permitiesen subsistir estaba ubicado en la Plaza de San Sebastián, conocida por aquel entonces como el Arroyo. Concretamente la puerta del Bar de Paco Tamayo, posteriormente de “Povea” y la del Bar “La Baranda” eran las zonas donde más personas se concentraban para obtener su trabajo. Las contrataciones se hacían a dedo y de forma solapada para no herir la sensibilidad del que no era llamado. Los capataces de las fincas del término municipal se acercaban por la tarde/noche a dichos lugares y escogían a los jornaleros que les hacían falta para el día siguiente o para varios días. Generalmente y eso siempre ha sido así, preferían los que mejores conocimientos y mejores rendimientos ofrecían en las labores agrícolas.

 

              Las fincas o lugares donde se desarrollaban estos trabajos eran principalmente los cortijos de  Mestanza, Cotrina (este en término de Churriana), Piamonte, Tetuán, etc., por la parte  baja del municipio y Peralta, Alamillo, Huerta Alta, Finca La Torre y otros más por la parte alta.

 

              Las labores a realizar eran muy diversas y dependiendo del producto agrícola que en su momento correspondía y por supuesto si el trabajo era en riego o secano : Caña de azúcar, remolacha, tabaco, maíz, alcachofas y plantas de tubérculos en la zona de riego y producción de garbanzos, trigo, cebada, avenas, olivos almendros, higos y uvas en los lugares de secano. Por cierto en la recogida y preparación de los últimos productos citados participaban un buen número de mujeres.

 

                Los salarios de aquellos jornales estaban sobre las veinte pesetas diarias y veintidós para los especialistas y los horarios estaban establecidos según la estación del año. Para el otoño y el invierno el inicio se establecía sobre las nueve y diez de la mañana y para el verano sobre las siete o las ocho de la mañana. La finalización de estas jornadas sobre las cinco o seis de la tarde. Cuentan los más antiguos del lugar, en estos menesteres, que un detalle indicativo de que la jornada estada dando a su fin lo significaba una sombra que se proyectaba por la zona del monte Jabalcúzar, a la caída del Sol y que era conocida por “La pelegrina” que llegando a su punto determinado era el fin del horario. Parece ser que eran expertos en este detalle tan concreto. Ah, se aclara, que esta señal servía únicamente para primavera y verano.

 

              El movimiento social de Alhaurin de la Torre, en aquellos tiempos, lo marcaba el ritmo de la misería laboral y económica que se atravesaba y eso fue, concretamente, la motivación que encontraron muchas familias para emigrar a otros lares y muchos hombres jóvenes del pueblo para buscar oposiciones de ingreso en el Ejército y sobre todo en la Guardia Civil donde el horizonte fuese mejor que el que estaban viviendo. Algunos de los jubilados del Benemérito Instituto que vemos en estos tiempos entre nosotros, eran los jóvenes agricultores de la década de los cincuenta.

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